martes, 24 de marzo de 2009

EL RELOJ DE LA VENTA SANTA LUISA


VENTA SANTA LUISA: RELOJ SOL

Sobre las paredes de la vieja Venta, un sencillo reloj de arcilla, testigo ocentenario de avatares, de tratos firmados con apretones de manos, de ruidos de caballarías ansiosas de pesebres, de paja y de agua; complice de una vieja veleta herida por los vientos de poniente; sirena muda que anuncia a la gañanía el comienzo de la peoná; farol que se apaga para que el gallinero calle hasta el alba; arcilla cocida lentamente en fuegos de alfares lebrijanos...

Junto, a su lado, un azulejo polícromo que nos invita a delitar los caldos de Tio Benito; una tahona que baña todas las cortijadas cercanas con olores a pan recien hecho; ruidos monótonos del molinillo de café de estrapelo mezclado con cebada; jaramagos esbeltos con los que juegan los pocos jilgueros que aún vuelan como flechas los campos de giralsoles; sol-girasol por excelencia, reloj sencillo, humilde, fiel, testigo de malas y buenas horas; reloj de la Venta de Santa Luisa.

Complice del viejo perro de la vieja veleta; patrimonio cultural y etnográfico de la Andalucia rural que habla de tercera modernización olvidando que el tiempo siempre lo marca el sol; objetos de siempre que recelan de artilugios digitales o luminosos. Reloj, veleta y panel de Tio Benito.

En un viejo cruce de caminos, en Venta de Lebrija, el paso irremediable del tiempo sigue teniendo un lugar, apenas visible, en un viejo reloj de arcilla cocida en los alfares de leña.
Son las 10 a.m en mi moderno LOTHUS; son las 8 a.m en un trozo de arcilla verdosa y lebrijana.
Jesús, 25 de marzo 2009

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