

El reloj de bolsillo
Ayer saqué de la cómoda el viejo reloj de bolsillo que me entregó mi padre, que lo dió de su padre, que lo heredó de su padre. Mi bisabuelo Manuel tenía un reloj de bolsillo que compró por cincuenta reales, por la "Nieves", a un relojero que había venido al pueblo a ganarse unos reales, en pleno agosto.
Está grabado por las dos caras, como si fuera tatuado, oculta su esfera tras una cara abatible. Es elegante, mucho más si pende del hojal del chaleco, asomando la curvada cadena de plata, y escondido en un pequeño bolsillo del chaleco donde sólo cabe el reloj.
Para que funcione hay que darle cuerda cada día, en un rito obligado de giro hacia atras y hacia delente. Caundo atrasa, cuando se come los minutos, que lo hace con frecuencia, hay que ponerlo en hora, (cuando el Parte,decía mi abuelo), cuando son las diez en punto de la noche en el reloj de la Puerta del Sol.
Creo recordar que mi abuelo me contaba que su padre, tambien, tenía una caja mágica que marcaba las horas, pero solo si la ponía al sol abierta. Andó buscando esa caja magica, escondida en algun baúl de la casona. Hoy sólo tengo en mis manos el viejo reloj de bolsillo, repujado en plata y tatuado, que pongo en horas, siguiendo el rito, y que escondo en el bolsillo, pequeño bolsillo, que tienen mis "vaqueros" y que siempre tuve curiosidad en saber para que servían: para el reloj de bolsillo que herede de mi padre, que heredó de....
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